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Turbohélices.



En este artículo hablaremos sobre los denostados aviones #Turbohélice como el ATR 42/72 o el Dash 8 habituales en los vuelos regionales españoles, en particular el ATR 72, que han sufrido durante años cierto desprecio y mala prensa, que poco ayudaba a aquellos que de por si tenían #miedoavolar y que al llegar a pie de avión maldecían de su mala suerte.


Créanme, el famoso Lockheed 12A Electra Junior de la película Casa Blanca si bien era un avión fabuloso poco tiene que ver con los turbohélices actuales.

Debemos decir que en muchos casos ese descrédito venía dado por intereses políticos con intenciones propagandísticas sin ninguna base real ni por supuesto demostración empírica que soportara afirmaciones sobre la dudosa fiabilidad de estos aviones.


De los Lockheed Electra de la película pasando por los Rohrbach R-VIII Roland, junkers, Douglas o Lockheed utilizados por la compañía #Iberia durante sus primeros años de historia, dotados con motores a pistón, se fue avanzando hasta los turbohélices actuales con mejores prestaciones, una aerodinámica mucho más avanzada y unos materiales a prueba de impactos.


Pero entremos algo más en detalle. Podéis observar que la palabra turbofán (motor a reacción utilizado por los grandes jets) y turbohélice comparten la misma raíz “turbo”, ya que ambos disponen en su interior de una turbina para generar el empuje, sin embargo, la diferencia radica en cómo se utiliza ese empuje generado.


Fig. 1. #Turbofán


Fig. 2. #Turbohélice


En el caso de los turbohélices al igual que sus hermanos mayores, el aire entra en el motor, se comprime en los compresores (parecen álabes, pero más pequeños y en mayor número) y aumenta su temperatura en la cámara de combustión, pero su velocidad de salida es muy inferior a la de los poderosos turbofanes y no es suficiente para impulsar al avión. Lo que se busca es aprovechar la energía generada dentro del motor para hacer girar la hélice la cual está diseñada para aumentar la velocidad del aire que pasa a través. De esta manera conseguimos que el motor mejore su eficiencia, pero sin alcanzar muy altas temperaturas y con un consumo de combustible relativamente bajo, sin duda muy inferior al de sus hermanos mayores. Lo cual supone a su vez disminuir las emisiones de #CO2 por persona y Km recorrido.



Fig. 3. ATR 72-600



La velocidad de crucero de los turbohélices es inferior a la de los jets, pero está demostrado que para rutas de hasta 500 km apenas tiene incidencia en la duración del vuelo y su eficiencia es mucho mejor. En esa distancia un turbofán apenas tendría tiempo para ascender por encima de los 30.000 pies (10.000 metros) que es la altura en la que se comportan de una manera más eficiente.

A velocidades bajas también tienen mejores prestaciones que los pesados turbofán de ahí que los turbohélices sean más apropiados para pistas cortas de aeropuertos pequeños, típicos de la aviación regional.


Si nos referimos a la #seguridad debemos apuntar que la tecnología dentro de la cabina es muy similar a la de los grandes jets y que ambos vuelan bajo los mismos principios físicos, por tanto y a partir de los datos aportados llegamos a la conclusión que los aviones turbohélice son tan seguros como los grandes aviones equipados con los motores turbofán.


Lo único que sí debemos admitir es que su menor tamaño al igual que sucede con un coche o un barco hace que las turbulencias, baches u olas les afecten más que a su hermano de mayor tamaño, pero eso como ya explicamos en el artículo anterior no supone una disminución de la seguridad, en el caso de los aviones podríamos hacer el símil automovilístico con un Ferrari y un Rolls Royce, de diferentes tamaños, pero de calidades idénticas.


Lo cierto es que poco ayudan las imágenes colgadas en las redes sociales con aterrizajes en condiciones de viento complicadas protagonizados es su mayoría por aviones turbohélice, pero esto se debe precisamente a su mayor maniobrabilidad que los hace más adecuados que sus “oponentes”.


Como leí una vez en alguna publicación, -las compañías aéreas hacen lo mismo que las familias, reservan el vehículo más grande para los viajes largos por autopista, pero para la ciudad utilizan uno más maniobrable y con menor consumo-.


Antoni Pericás Homar

Piloto

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