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La aviación y el medio ambiente.



Según datos de The International Council on Clean Transportation (ICCT), las emisiones globales de CO₂ del transporte aéreo comercial representaron en 2018 algo más del 2,4 % de las emisiones mundiales debidas a combustibles fósiles.


Es el mayor reto que tiene la industria aeronáutica por delante, reducir las emisiones de #CO. Lo cual no significa que no se lleve trabajando en ello desde hace tiempo, un vuelo actualmente genera un 50% menos de gases de efecto invernadero que ese mismo vuelo en 1990.


Según la ICCT, transportar un pasajero en avión supuso en 2018 la emisión promedio de 88 gCO₂/km. El rango era de entre 75-95 gCO₂/km para recorridos medios y largos y el valor de 155 gCO₂/km correspondía a los vuelos cortos de menos de 500 km.


Estos datos ponen a la industria aeronáutica en el punto de mira de activistas ambientales, que ya han conseguido que países como Francia hayan eliminado los vuelos domésticos que suponían menos de 2 horas y media de duración en tren y ya se intenta que esta medida se amplíe a una distancia de 4 horas en tren. Sin duda medidas agresivas que sirven como motivación para seguir avanzando en pro de una atmósfera más limpia.


Pero ¡ojo!, es cierto que a día de hoy el tren genera menos gases tóxicos que los aviones, pero no así los coches, tengamos en cuenta que la emisión de CO₂ de un turismo de gama media en condiciones reales de conducción es de 140 gCO₂/km (en el caso del diésel) o 160 gCO₂/km (gasolina). Asumamos también una ocupación media de 1,2 pasajeros por vehículo. El factor de emisión resultante sería 117 y 133 gCO₂/pasajero-km para diésel y gasolina, respectivamente.


Por lo tanto, salvo para los vuelos de corta distancia (inferior a 500 km), el transporte aéreo emite menos CO₂ por cada pasajero y kilómetro recorrido que un coche de combustión tradicional.


En ese sentido, se sigue trabajando en la mejora de las prestaciones de motores a reacción, así como el uso de combustibles más “limpios”. Intentan que los motores mejoren su eficiencia, utilizando nuevos materiales y aleaciones de materiales que disminuyen su peso, consecuentemente disminuyendo su consumo. Es el ejemplo de los últimos motores Rolls Royce, que se encuentran en el momento que escribimos estas páginas en la última fase de pruebas para conseguir su certificación, con los álabes de fibra de carbono que reducen el peso del motor en un 20%, siendo este de un tamaño gigantesco, 3.7 metros de diámetro.


A su vez varios son los proyectos orientados hacia la eliminación total o en su mayoría de las emisiones de CO₂, por ejemplo, la compañía aeronáutica europea Airbus ha sido la primera en dar el paso con la presentación de los prototipos #ZeroE, unos aviones comerciales impulsados íntegramente con hidrógeno.


La empresa presentó en el 2020 tres propuestas para alcanzar su objetivo de cero emisiones en el 2035. Cada uno de los proyectos representa un enfoque distinto en función de la tecnología aplicada. Dos de los tres nuevos aviones se basan en modelos existentes: #reactores y turbohélices, y un tercero denominado ‘cuerpo de ala mixta’, en el que las alas se fusionan con el cuerpo principal de la aeronave. Todos ellos se basan en el hidrógeno como fuente de energía primaria, una opción que la compañía considera prometedora como alternativa limpia al queroseno contaminante que propulsa las actuales aeronaves.


Otro proyecto muy interesante que ya tiene fecha de lanzamiento (2026), se trata del Dirigible ecológico Airlander 10 de la empresa Hybrid Air Vehicles. Un vehículo con un diseño futurista que reduce las emisiones en un 90 %, tiene capacidad para 100 pasajeros y alcanzará una velocidad de crucero de 135 km/h y por cual la compañía española Air Nostrum parece estar ya en negociaciones para incluirlo en su flota de aeronaves.


Os mantendremos informados.


¡Felices vuelos!

Antoni Pericás Homar

Piloto

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