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¿Cómo manejar el enfado?



La gestión de las #emociones es un gran reto en nuestra sociedad. Algo tan importante como el identificar cómo me siento y poder expresarlo, recibe nula atención desde las diferentes instituciones educativas. A menudo cuando preguntamos en las sesiones “¿cómo estás?”, nos contestan con un lánguido “bien” o “mal” o “no sé”. Da igual que sean #adultos, #jóvenes, #adolescentes o #niños. Somos analfabetos emocionales, porque no nos han enseñado casi nada sobre nuestro mundo emocional. A lo más, nos habrán dicho las típicas frases de “no llores, que no pasa nada”, o “¡no me grites!” (gritando a su vez) o en medio de un ataque de ansiedad “tranquilo, que esto es muy seguro”.


El #enfado es una emoción muy intensa, todo nuestro cuerpo se activa proporcionándonos sensaciones físicas, mentales (cognitivas) y actuando (por ejemplo, gritando).

Nuestra primera recomendación es que es importante no juzgar lo que sentimos. En el fondo, ¿cómo se pueden hacer juicios de valor a las emociones? Las emociones son emociones, y no hay buenas ni malas, solo emociones. Es importante, eso sí, reconocerlas, nombrarlas, acogerlas y entender qué nos dicen… pero sin juicios ni condenas. Lo que sí podríamos evaluar, o calificar de buena o mala, son las conductas, ¿qué hago al enfadarme? y eso sí que tiene una evaluación, está bien hecho o está mal hecho. ¿Hay un daño realizado a ti mismo o a otro?


En cuanto al enfado, os invitamos a que hagáis el siguiente ejercicio: tratad de localizar la parte del cuerpo donde se expresa. A algunos les da por apretar fuerte las mandíbulas, otros tensan los músculos del cuello, otros se muerden los pellejos de los labios, de las uñas, otras personas sienten un calor sofocante en el pecho... Este ejercicio nos va a permitir detectar el enfado a la primera señal corporal. ¿Para qué?, pues para tratar de identificarlo en los primeros momentos y que no nos desborde.


Después os invitamos a que podáis #expresarlo, sacarlo fuera, bien sea mediante la palabra, la imagen, una canción, o simplemente dar puñetazos sobre unas almohadas o cojines para no hacerte daño.


Cuando ya estamos más “desactivados”, podemos empezar a pensar, y trataremos de identificar las creencias e ideas que se me pasan por la cabeza y me activan tanto. A lo mejor es que me estoy regañando todo el rato por no ser “perfecto” o a lo mejor me enfada no poder controlar determinada situación… hay miles de ideas que podemos imaginar y que nos pueden enfadar intensamente. Y se nos enredan en la cabeza como una madeja de lana enmarañada.

Finalmente, podemos intentar analizar qué necesidad hay debajo de este enfado... ¿qué me pasa? ¿qué me dice de mí mismo? A lo mejor es que estoy cansado y necesito descansar o a lo mejor estoy siendo demasiado controlador, o demasiado perfeccionista o me hace falta equilibrar mis diferentes roles en la vida. Ahí tendremos las pistas para seguir dando pasos en nuestro camino, y poder reorientar algunas de nuestras acciones. #Aprendiendo, que es gerundio.


Luisa del Campo

CEO Vive Tu Vida Psicología

Psicóloga Col. Nº M-16121

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